El Real Madrid de los años noventa tenía la costumbre de generarse bestias negras, de tropezar con la misma piedra de forma recurrente. La Quinta del Buitre no tuvo un final todo lo glorioso que merecía su triunfante existencia y ya en sus estertores cayó de forma consecutiva con el Milan en Europa (1989 y 1990), Tenerife -para perder dos Ligas- (1992 y 1993) y por último con el París Saint Germain, que le mojó la oreja en 1993 y 1994.
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