Hace tiempo que Messi se guía por su olfato para leer los partidos. Como anoche. Primero jugó lejos de la portería para actuar de quarterback con sus cambios de orientación y después tiró del eslalon para asumir el protagonismo que se le reclama. No hizo gol, pero sí que validó los tres de su equipo, la mejor de las palancas.
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