Su majestuosidad no engaña. Han desparecido las esvásticas de la Puerta de Maratón, dos enormes columnas de bienvenida, pero el Estadio Olímpico de Berlín conserva el nombre y las reminiscencias de otro tiempo. Tiene todavía el tufo de quien lo mandó construir, Adolf Hitler, cuándo, en 1934, en plena ascensión del Tercer Reich, y para qué: para mayor gloria de su idea de la superioridad de la raza aria. Suerte que el deporte siempre se guarda sorpresas y ayuda a encumbrar a héroes inesperados, como lo fue Jesse Owens en los Juegos Olímpicos de 1936. De todo ello dio buena muestra la documentalista Leni Riefenstahl en su documental Olympia (1938), la primera que pudo grabar en vídeo la cita olímpica, recordada su obra por ser técnicamente magnífica y por ayudar a afianzar lo que llamaban orgullo alemán, que no era más que un producto de la propaganda.
source Portada de Deportes | EL PAÍS http://ift.tt/1T28nqc
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire