David Castera (Sauveterre, Francia; 49 años), despeluchado, tocado por el sol saudí, tan lejos del frío invierno de la Andorra en la que vive desde 2015, supervisa desde el helicóptero cómo va la especial. Aparece por el vivac del Rally Dakar cuando cae el sol, recibe las consultas y las quejas de los participantes al final del día, en torno a una hoguera y una suerte de escenario en el que se levanta una pantalla gigante que va repasando la etapa. Y asume que ser el jefe no es lo mismo correr en moto.
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