Ganó el Villarreal este domingo 1-2 y algo tuvo que ver en ello la aparición de Santi Cazorla, que sigue dando lecciones por los campos de LaLiga. La Real volvió a ir de más a menos. Ilusionó al principio, arrolló por momentos y se hundió al final. En Anoeta se esperaba un partido de trazo fino, de letra caligráfica, escrito sobre papel de calidad con pulso firme, porque los dos equipos que se enfrentaban, Real y Villarreal, están educados para ello, son buenos amanuenses, protegen la pelota con delicadeza como los frailes de los monasterios medievales los códices que ilustraban.
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