La situación era límite. En la temporada 2014-15, el Sporting estaba catatónico, al punto de que estuvo cinco meses sin poder pagar a los jugadores, también sancionado por el Comité de control económico de LaLiga a fichar solo en el supuesto de que fueran del filial. Tan mal estaba la billetera del Sporting que Abelardo, entonces técnico del primer equipo, puso dinero de su bolsillo para que alguno hiciera frente a los alquileres de sus viviendas. Hasta que el expresidente Antonio Veiga le advirtió de que o ascendían a Primera o el club se extinguía. “No se lo comenté a nadie, pero fue muy duro. Dormía mal y perdí siete kilos”, reconoció Abelardo un tiempo después. Pero su Sporting, sin fichajes ni dinero, logró ascender y mantenerse al año siguiente. Justo lo que necesita el Espanyol, que lo ha contratado hasta que acabe la temporada para obrar el milagro de salvarse de la quema como también hizo con el Alavés en el curso 2017-18, pues lo cogió con nueve puntos en la jornada 14 y le sobraron cuatro partidos para certificar la permanencia.
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