Será un holandés errante en plan colección de microrrelatos o de historias de Instagram con paisajes de quitar el hipo y emociones fáciles más que dramático, intenso, largo y wagneriano. De Utrecht a Madrid, del 14 de agosto canicular al 6 de septiembre. De Holanda a España con paradas por Francia (el Tourmalet) y Portugal (Oporto), donde muere el Duero y a donde se llega desde el Mos de Pereiro. Sin bajar del sur de Madrid. En etapas cortitas (154 kilómetros de media diaria) para no abusar, de menos de cuatro horas. Y mucha montaña para no aburrir. Un concentrado más de la marca Vuelta, un concepto que se depura año tras año, que desdeña lo aparentemente accesorio en busca de su esencia. Una decantación de, puede ser, puro aroma Vuelta, que se resumirá en la etapa 15ª, el domingo del Angliru, 109 kilómetros y antes Mozqueta y Cordal. Y, para desequilibrarlo todo, una contrarreloj de 33,5 kilómetros, llana en 32 y vertical en sus últimos 1.500 metros, el durísimo repecho del Mirador de Ézaro.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2M3zW67
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire