Busquets fue de los primeros futbolistas del Barcelona en aparcar su coche en el Camp Nou al mediodía. Esperó al resto de sus compañeros y se desplazaron en autocar al Hotel Sofía, donde ya estaban los árbitros y la comitiva del Real Madrid. Seis horas después regresó junto al grupo azulgrana al Estadi. Messi charlaba y le entregaba el mate a Luis Suárez, el mismo ritual que Griezmann. Sonreían Lenglet y Alba, Rakitic le guiñó el ojo a la cámara del club, pero Busquets pasó con cara de circunstancia. No disimuló. Estaba enfermo, con fiebre.
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