El Barça alcanzó la cima del mundo hace justamente diez años en Abu Dabi cuando ganó su sexto título en un año, un hito decisivo para entender el legado del equipo de Guardiola, el técnico que le puso método a la idea de Cruyff. A partir del juego de posición, posesión y presión, expresado en los centrocampistas, el Barcelona trascendió como un equipo asociativo, dinámico y moderno que triunfaba por su vocación ofensiva, siempre acampado en cancha del rival. Aquella propuesta ha caducado por el envejecimiento de su plantilla, porque el fútbol se juega a un ritmo distinto y por las exigencias de la marca Barça. El Barcelona de hoy ya no juega como el Barça de ayer y, sin embargo, domina LaLiga y disputará los octavos de la Champions. Los resultados avalan de momento la transición azulgrana, personificada en Piqué, Messi y Busquets, el trío que continúa desde 2009. El fútbol, sin embargo, compromete el estilo genuino del Camp Nou, modificado desde el éxito del tridente y del triplete en 2015.
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