De todas las posiciones que hay en un equipo de fútbol, la del guardameta es la más compleja. No tiene término medio. Tan pronto puede pasarse varios minutos en soledad haciendo ejercicios para mantener el tono con el compañero más cercano a 50 metros, como encontrarse de repente con el área propia repleta de camisetas amigas y rivales. De la armonía del silencio, del espacio abierto casi en exclusiva para uno, al caos que generan 20 personas tratando de llevar una pelota en la dirección que les interesa.
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