Un bebé mulato de siete meses alegró las primeras horas interminables en la concentración de la selección femenina de balonmano en un hotel a las afueras de Madrid, antiguo picadero de gente bien, junto al hipódromo de La Zarzuela y el Centro Nacional de Inteligencia. Todos le hacían fiestas. Su presencia ayudó a aliviar el golpe anímico que acababa de recibir el grupo por la baja de Carmen Martín a solo cuatro días de volar al Mundial de Japón. Era el hijo de Shandy Barbosa, ausente en el pasado Europeo por el embarazo y que ha vuelto al equipo como un trueno. “La maternidad me ha dado tranquilidad para jugar los momentos importantes. Antes igual pecaba de alguna precipitación”, confiesa la portuguesa nacionalizada en 2012. Su latigazo en el último segundo para abatir a Montenegro (26-27) en el último partido de la primera fase llo certifica.
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