El Arsenal perdía 0-1 cuando Nicolas Pepe, recostado sobre la banda derecha, le tiró un caño a Phil Foden. A 30 metros de la portería, la finta al canterano contrario resultó inocua. Pero la hinchada lo celebró. Encantada de degustar una delicatesen arrojada al arcén, la gente de Islington se debate entre la euforia por nada y la depresión por todo. Media hora más tarde, la misma multitud despidió a sus jugadores con pitos mientras se encaminaban al vestuario, derrotados por 0-3 y sin ninguna esperanza de respuesta con medio partido por delante frente a un City tranquilamente dominador. La posición en el noveno puesto de la tabla, a 27 puntos del líder, es lo de menos en el panorama desgraciado de un club que lleva años precipitándose en el vacío.
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