Con la cara enrojecida por el frío, el rostro picado por viejas marcas de acné juvenil de Diego Pablo Simeone resaltaba sobre la luz blanquecina de la sala de prensa del BayArena. Mirando al frente, con un tono que delataba resquemor interno, el entrenador del Atlético de Madrid hizo un ejercicio de autocrítica. No apeló Simeone a esa última ocasión de Morata para construir un discurso exculpatorio y de excusas que otras veces ha construido. Se señaló a él mismo como culpable de cómo entraron sus futbolistas al partido.
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