El día después de una velada dolorosa, Rafael Nadal luce buena cara. Se ejercita en la Pista 1 del complejo del O2, alejado del público y miradas indiscretas, mientras su responsable de comunicación, Benito Pérez-Barbadillo, charla largo y tendido detrás de una cristalera ahumada ubicada en lo alto con su padre Sebastià. A pie de pista observan el doctor Ángel Ruiz Cotorro y el fisio Rafa Maymò para cerciorarse de que la evolución del abdominal termina de consolidarse; mientras, Carlos Moyà supervisa y puntualmente corrige. No hay signos negativos, sino todo lo contrario. Nadal percute a la bola como un toro y saca con absoluta normalidad. Los pelotazos en los fondos resuenan a plomo y el adolescente Shintaro Mochizuki, 16 años, japonés y campeón júnior en Wimbledon este año, aguanta el tipo como sparring a base de muy buenas maneras.
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