Se están cargando los valores. Que el fútbol se ha convertido en un gran negocio lo sabemos. Y no solo lo sabemos, sino que lo aceptamos y formamos parte de él con gusto. Pero siempre queda, o debería quedar, algo del inicio, del porqué nos introdujimos en este deporte. Personalmente destacaría tres cosas: el disfrute del juego (como practicante o aficionado), el sentimiento de pertenencia (tan presente en nuestra sociedad actual) y los valores del deporte. Pero, últimamente, me empiezo a cuestionar lo de los valores. Seamos serios, seamos coherentes y, sobre todo, seamos honestos: nos estamos cargando todos ellos. Encontramos demasiados ejemplos, desde la base hasta la cima. Ver partidos de benjamines se hace doloroso por los gritos y exigencias parentales desde las gradas. La prepotencia de algunos al llegar a la adolescencia sintiéndose intocables, ya que sus ingresos multiplican los de sus padres juntos. Y los dirigentes habituados ya a enviar el mensaje equivocado, el de que aquí todo vale.
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