Leganés y Eibar se cosieron a pelotazos en un duelo que parecía destinado a acabar en empate hasta que Orellana puso el único detalle de finura. Un pase al hueco del chileno, de los pocos que hubo a ras de hierba, dejó solo a un Kike García que no perdonó y deja muy tocado al cuadro madrileño. El equipo vasco sacó una rentabilidad enorme de un duelo tan equilibrado como feo, siempre dominado por la constante del juego aéreo.
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