A las grietas en el juego que se venían vislumbrando, la derrota del Atlético en Leverkusen (2-1) ha sumado una dosis de autocrítica que destapó un problema multiorgánico. Ni el mensaje de Diego Pablo Simeone toca la fibra del grupo como antaño, como él mismo admitió, ni la gran mayoría de sus futbolistas ofrece un rendimiento que dote al equipo del gen competitivo y guerrillero que le caracterizaba. El discurso de Simeone en la sala de prensa del BayArena reveló síntomas de agotamiento, pero antes, durante el partido, sus jugadores no ofrecieron capacidad de respuesta. Solo cuando se vieron con el marcador en contra atisbaron un principio de reacción. Una constante en lo que va de curso, en la que entregar medio tiempo se ha convertido en un hábito para el que ni el entrenador ni los futbolistas parecen encontrar remedio.
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