La incredulidad saludó el anuncio de la primera ascensión de la vertiente norte del Everest a cargo de una expedición china en 1960. Ni las fotos que presentaron, ni el escaso pedigrí del equipo convenció a la comunidad alpinística. En 1975, China organizó una segunda expedición decidida a demostrar de forma inequívoca su paso por el techo del planeta: instalaron en la cima un trípode metálico que más bien parecía un anticipo de una invasión alienígena. En 1980, Martín Zabaleta recogió de la misma cima un pequeño crucifijo abandonado de forma testimonial el año anterior por un equipo polaco. El guipuzcoano demostraba así haberse convertido en el primer español en colarse en la cima del Everest… y devolvió el crucifijo a sus dueños.
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