Un compromisario puntilloso y un secretario despistado pueden tumbar unos presupuestos de más de 100 millones de euros. Sucedió en la Asamblea del Athletic, que por una vez, se trasladó a la mañana de un domingo de partido. Aitor Elizegi no las tenía todas consigo para enfrentarse a unos compromisarios, que elegidos en el mandato de su antecesor, Josu Urrutia, al que le aprobaron casi por aclamación todas sus cuentas, estaban mirando con lupa todos sus pasos. El plato fuerte de cada Asamblea, que se desarrolló puerta con puerta con un acto de Vox en el Palacio Euskalduna, es la aprobación de la gestión económica de la campaña anterior, con un superávit de 63,8 millones de euros y la de los presupuestos, que la junta estima en 132 millones.
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