vendredi 4 octobre 2019

‘Malaventure’ Courtois

Cuando la realidad se agranda, el fútbol se achica. Miles de policías movilizados para cuidar un acto de amor: el de los hinchas apasionados. Otra vez River y Boca para refrendar o refutar el resultado de aquel partido que aterrizó de emergencia en Madrid y que aún no cicatrizó. La temporada pasada las aficiones se volvieron locas por La Final,pero esta semifinal rebaja a semilocura las expectativas, las extravagancias y las posibilidades de violencia. También porque Argentina vive una situación social y económica dramática. Dentro de un contexto tan difícil, el fútbol rebaja su importancia porque no existe ficción que disimule tan fea realidad. Aunque en Argentina sea poco menos que sagrado, este momento demuestra que el fútbol no tiene una función consoladora, como la religión, sino apenas una función compensadora de la rutina, como todo juego. Y Argentina encontró la peor manera de poner al fútbol en el lugar que le corresponde dentro de la escala social.

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