Escalar está de moda, quizá porque ya no es esa disciplina marginal y peligrosa que enganchaba a los espíritus románticos y aventureros sino una forma diferente de ocio deportivo. Si aún en los años ochenta del pasado siglo la escalada era un medio para conquistar paredes salvajes y montañas, la especialización, la llegada de los entrenamientos programados, la irrupción de los rocódromos (paredes artificiales con agarres de resina) y la mejora de los elementos de seguridad han convertido la escalada de dificultad en un fin en sí mismo.
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