En una Liga en la que los grandes sufren antes incluso de que las exigencias medren en el resto de competiciones llega la Real Sociedad para aportar salsilla. Lo hace con el condimiento del buen fútbol y el acostumbrado y contundente menú del Cantábrico. Lejos de los debates y el relumbrón, Imanol Alguacil, un técnico de la casa con única experiencia intramuros ha tejido un equipo con alma que juega, y mucho, al fútbol. La Real es una gozada. Es variada, divertida, repleta de registros y sobre todo de descaro y juventud. No parece que esté en el límite y está muy arriba, cuarta en la tabla. Ahí llega tras enmendar su último tropiezo en casa contra el Getafe y remontarle (3-1) un gol tempranero al Betis, que busca y no encuentra. No hace tanto el equipo tenía un plan, pero la grada no empatizaba con el entrenador. Ahora o no hay planos o no los interpretan bien porque el equipo apenas suma dos triunfos en nueve jornadas y, sobre todo, fuera de casa no carbura y ya está en puestos de descenso, con peor diferencia de goles que el Celta.
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