Era el 30 de diciembre de 1989, se acababa el año y con él la primera vuelta de la Liga, segunda de Cruyff como entrenador del Barça. Iba segundo junto al Atleti y al Valencia, a cuatro puntos del Madrid. Ese día recibía al Sevilla, con televisión. Arbitraría Brito Arceo, el niño prodigio del arbitraje español. Tinerfeño, tenía 26 años y había llegado a Primera a la insólita edad de 24.
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