Inglaterra maquilló este sábado en Oita su gran herida reciente. Los Wallabies, sus verdugos cuatro años atrás en su Mundial, no tuvieron respuesta ante una muralla impertérrita de camisetas blancas. El XV de la Rosa, que se convirtió en 2015 en el único anfitrión apeado en la fase de grupos, vuelve 12 años después a las semifinales de un Mundial y demuestra sus hechuras para ganarlo. Tras un nefasto 2018, el rugby australiano confirma su crisis y su selección no estará entre las cuatro elegidas por tercera vez en su historia, con el mismo ejecutor que en 1995 y 2007, una Inglaterra con un cuerpo técnico plagado de australianos que le ha ganado sus siete partidos desde 2016 y que aguarda al ganador del Irlanda-Nueva Zelanda.
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