Con 23 años, Felipe Augusto de Almeida (Brasil, 30 años) tuvo que enfrentarse al profesionalismo en el Corinthians de Tite, ahora seleccionador brasileño, con la laguna de no haber tenido una formación en el fútbol base. Apenas un par de año antes, deambulaba por equipos de regional brasileño y meditaba si seguir en el negocio de su suegra repartiendo setas y verduras a domicilio o continuar probando suerte en el fútbol. Un DVD de fabricación casera que por casualidad visionó Ramón Veiga, entrenador del Bragantiño, le cambió la vida. En un apenas un año en Braganza, la entidad corintiana le captó confiada más en su potencial por pulir que por lo que prometía a corto plazo.
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