Suecia tuvo su mejor hora en los cincuenta, cuando fue finalista de su propio Mundial, donde la derrotó la imparable Brasil de Garrincha, Didí, Vavá, Pelé y Zagalo. Quien primero vio la fuerza de aquel fútbol sueco fue el Milan, que a comienzos de esa década fichó a la tripleta central de su ataque: Gren-Nordahl-Liedholm, el Gre-No-Li. Con ellos, Suecia ganó los Juegos Olímpicos de 1948.
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