Pocos, muy pocos tenistas son tan tozudos como Andy Murray, el guerrillero escocés que día tras días se rebela contra el destino que le había propuesto peligrosamente un pasado no demasiado lejano. Después de alcanzar la cima y su punto más álgido como profesional, hace dos años, la cadera puso en jaque su carrera. Sin apenas poder caminar, le obligó a pasar un par de veces por el quirófano y le abrió la puerta de salida del circuito. Así lo adelantó a comienzos de curso en Australia: hasta aquí. Pero no. No se rinde Murray, uno de los jugadores con mayor amor propio. Se instaló una prótesis, venció al dolor y ahora, con un trofeo entre las manos después de darle mil vueltas a su circunstancia, vuelve a sonreír. Y con él lo hace el tenis.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2qnz9ET
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire