Galicia, ese lugar en el que llueve y hace sol al mismo tiempo, alberga todo tipo de paradojas. En el vaporoso entorno futbolístico el mismo club que ha gastado ocho entrenadores en poco más de tres años es capaz de promover y madurar un proyecto con la idea de que asentarse en la élite en un trienio. Esa era el plan cuando en 2016 echó a andar el Deportivo femenino y lo cumple con singular puntualidad. El pasado mes de mayo ascendió a la máxima categoría. Hoy, tras cinco jornadas, lidera la Primera empatado a puntos con el Barcelona, por encima de rivales que tienen diez veces más presupuesto. Nadie les ha ganado. “Es un tópico, pero es una cuestión de trabajo”, apunta su entrenador Manu Sánchez. El año pasado su equipo se pasó más horas en los campos de Abegondo que el masculino. Tampoco le agrada que se entre en comparaciones que pueden resultar dañinas ahora que los resultados marcan realidades opuestas con el equipo masculino, colista en Segunda División: “No nos hace gracia. Son nuestros compañeros y la relación es excelente. Nos duele ver que las cosas no les salen bien”, completa el técnico.
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