La volatilidad del Madrid, acentuada por su inesperado traspié inicial en la Champions, había entregado al partido ante el Galatasaray el cartel de final anticipada, porque el objetivo de los blancos pasa por alcanzar la segunda plaza del grupo después del tembleque inicial. La necesidad contrae los músculos y agria el carácter, incluso al más afable de los seres humanos. En Zinedine Zidane se evidenció más la primera de estas contraindicaciones, que solo quedó anulada tras consumarse la victoria.
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