En junio de 2016, Christian Lealiifano estaba sin fuerzas. Apretaba al máximo en los entrenamientos, pero la cosa iba cada vez peor. El sentido común daba una explicación: su hijo, que entonces tenía dos meses, debía ser el motivo de tantas noches en vela. Hasta que en un ejercicio empezaron a arderle las manos y los pies. El apertura pensó entonces que tendría algún tipo de virus, pero los análisis sanguíneos lo dejaron claro: leucemia. “Era una palabra tan pesada…”, recordaba en mayo tras completar su cuento de hadas con su regreso a los Wallabies.
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