Hubo un tiempo en el que casi todos los males del Real Madrid merodeaban alrededor del concepto de “intensidad”. Ese término, amplio, extenso y poco preciso, lo utilizó recurrentemente Zinedine Zidane en su primera etapa al frente del equipo a la hora de definir la falta de atención de sus jugadores en los arranques de los partidos, así como parapeto para justificar una mala compresión de los mismos. Este miércoles, tras encajar tres goles en París y firmar la peor derrota (por número de goles) desde su regreso al banquillo blanco en marzo (y la más abultado en la Champions en sus dos etapas), la intensidad volvió a escena.
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