Viendo a lo que lo tenía acostumbrado su carrera, París resultó un destino exótico para Keylor Navas a sus 32 años: cuando el último día del mercado llegó al PSG, nadie se interponía entre él y la portería. A diferencia de lo que le sucedió en el Albacete, el Levante y el Madrid, en cuanto hubo un partido apareció en el once titular. Y cuando el sábado por la tarde, en los prolegómenos de su primera vez se arrodilló a rezar sobre la línea de meta, brazos en cruz, la grada a su espalda, el fondo de los ultras, ya le aclamaba: “¡Navas, Navas!”.
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