Gerard Piqué (Barcelona, 32 años) cita a una reducida selección de medios internacionales a las once de la mañana, en una elegante sala de madera caoba que se gana su atención antes de tomar asiento. “No está nada mal, ¿eh?”, observa el futbolista de Barcelona, grandullón, fibrado y exquisito en el trato, muy sonriente desde que pusiese el primer pie en Nueva York, hace un par de días, con el objetivo de seguir impulsando sus negocios en el tenis. A continuación descarga su 1,93 sobre la silla ejecutiva y comienza a contar en inglés cómo está siendo la aventura de capitanear la histórica transformación de una competición tan prestigiosa como la Copa Davis.
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