“¡Es que no entiendo qué coño hago!”, le soltó, con cara de cabreo, Carolina Marín a Ernesto, uno de sus técnicos, en uno de los descansos del primer set. La española estaba siendo arrollada por Tai Tzu Ying, su bestia negra, número 4 del mundo y durante dos años líder del ranking mundial. De 11 enfrentamientos, la jugadora de Taipei había ganado siete. Tai, maestra en técnica, en saber esconder el volante hasta el último momento, estaba desquiciando a Marín: 21-14 ganó el primer set. Cuando todo parece perdido, sin embargo, con Carolina Marín nunca lo es. Cuando parece que las rivales le están pasando por encima, Marín nunca tira la toalla. Nunca se da por vencida. Y este domingo lo volvió a demostrar. Recuperó el juego, la paciencia y fue ella quien acabó desquiciando a la rival. Remontó Carolina y ganó el Abierto de China ocho meses después de romperse el cruzado. Se tiró al suelo y lloró.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/2V9vgir
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire