vendredi 6 septembre 2019

Keylor, Rakitic y los sospechosos

Nostalgia, sueños, emoción… El fútbol no corre peligro ni como espectáculo ni como negocio porque está hecho de materiales solo en apariencia delicados, como la nostalgia, los sueños y la emoción, que sustentan un fenómeno sólido y gigantesco. Si miramos para atrás, descubrimos que la nostalgia es purificadora. Cuando definimos a un futbolista como “un jugador de los de antes”, nos parece que la referencia lo despoja de defectos. Lo enaltece. Además, es en los recuerdos idealizados donde nace el sentido de pertenencia: el amor a un escudo, la lealtad a un ídolo. Si miramos para adelante, los sueños tendrán el poder de renovar las ilusiones y pagar la entrada del próximo partido (donde siempre hay algo que confirmar o refrendar), para ir al fútbol con el nerviosismo de la primera vez. La emoción es de hoy y logra hacernos sentir vivos e igualar a un europeo, un asiático y un africano ante la alegría o la catástrofe de un gol a favor o en contra. 

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