Abigarrado como los apellidos iraníes y complicado de entender como los pictogramas chinos, el conjunto de Scariolo avanza de fase en un viaje a lo desconocido. Antes de afrontar los duelos ante Italia, el viernes, y Serbia, el domingo, en Wuhan la selección recreó una involución sin consecuencias, pero alarmante por repetitiva. Mientras italianos y serbios chocaban en un duelo bravo y macizo solo resuelto en el tramo final (77-92), España se metía en el callejón del gato para proyectar una imagen irreconocible por blanda y despersonalizada.
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