Llega un momento en la vida en el que hay que elegir. Da igual el contexto, es indiferente la razón. La madurez, a fin de cuentas, trata de esto. En mi caso, en 1996 tuve que dar un paso al frente. Hacía tiempo que las selecciones de Holanda y España se interesaron en mi incorporación. Todo un honor, sin duda. Hubo contactos con sus entrenadores, Guus Hiddink y Javier Clemente, pero yo siempre pedí tiempo para tomar la decisión. Me costó. Y es que, a diferencia de Ansu Fati, que lleva tiempo jugando en torneos españoles y se incorporará a una de las mejores selecciones en la actualidad, mi situación fue más compleja.
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