El Alavés recorrió en vano los 60 kilómetros que separan Vitoria de Bilbao. Fue un viaje improductivo, de esos de llegar, mirar y volver con las manos vacías. No sacó nada porque nada intentó frente a un Athletic que se hace fuerte en casa, pero que en esta ocasión encontró una oposición escasa, blandengue, en un partido que otros años sacó chispas del césped. Salvo por los aficionados vitorianos que ocuparon una esquina del campo y animaron como si no hubiera mañana, el partido no pareció un derbi, sino apenas un trámite. Dos no pelean si uno no quiere, y el Alavés no quiso.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/30bPxsw
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire