Como si fuese una continuación de la pretemporada, en una oda al fútbol de ataque en una segunda mitad desatada sin rigor defensivo alguno, Villarreal y Granada se repartieron amistosamente ocho goles, cuatro cada equipo, para empatar un partido abierto, con los zagueros destensados, que dejó mejor sabor de boca al Granada que puntúa en su regreso a Primera. El equipo de Diego Martínez, hermético en Segunda, comprobó cómo se las gastan los delanteros en la élite. El Villarreal recuperó sus virtudes ofensivas y mostró los mismos defectos recientes, con mil problemas para cerrar su portería a pesar de contar con una defensa renovada. A falta de poco más de un cuarto de hora para el final, los amarillos contaban con una ventaja de dos goles (4-2), desaprovechada en dos saques de esquina en contra. Calleja y Diego Martínez tienen claro cuál es la faceta a trabajar tras la primera jornada.
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