Con el Camp Nou lleno hasta la bandera, el Barça evidenció en el Gamper que persigue el fútbol de toque y posición que le definió en épocas pasadas, apuesta por el toque y la presión adelantada, por un fútbol dominador y en campo ajeno. Objetivo que cumplió en la victoria frente a un Arsenal mucho más rodado, aunque tan raquítico en su propuesta como efectivo en el remate, pues a Aubameyang le bastó con un disparo (exquisito) para batir a Neto. Pero lo importante fue que la pelota echó a rodar y cualquier dolor de cabeza parece menor. Entre otras cosas porque se da en la directiva un desaguisado donde el presidente Bartomeu se desdobla para ocupar los cargos de los directivos disidentes como Jordi Mestre, poco conforme con una junta de opinión fácil; La Masia es un guirigay donde Kluivert, formado en el Ajax, pretende poner orden; y el técnico Valverde comienza el curso con la lupa encima, ratificado por la junta y discutido por la afición tras el fútbol del curso anterior por más que ganara LaLiga.
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