Deja un instante de apretujar desafíos, incertidumbres y expectativas en la maleta y se detiene a contar su historia. “La gente me dice, ‘¿pero cómo te vas a Japón? Allí solo, con lo joven que eres, ¿no te da cosa?’. Cosa me daría quedarme aquí atascado, haciendo lo mismo el resto de mi carrera. No hay nada más peligroso que la zona de confort”, sentencia. Sebas Sáiz, uno de los grandes valores del baloncesto español de la cosecha del 94, explica su inesperada marcha al Sun Rockers Shibuya de la B.League japonesa como una elección no como un descarte, como un meditado arrebato de rebeldía no de locura.
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