Sorprende la naturalidad de alguien que, supuestamente, debería estar abrumado. No parece ser el caso de Robert Moreno (Hospitalet, 41 años), un apasionado del fútbol desde su infancia al que le ha llegado de sopetón el cargo de seleccionador tras las circunstancias personales que provocaron la renuncia de Luis Enrique, su tutor en los banquillos a su paso por el Roma, el Celta, el Barça y la Roja. Moreno, afable y dicharachero, no disimula su momento efervescente. Tampoco su entusiasmo por el fútbol. Lo mismo lo verbaliza que no duda en apoyarse en una pizarra magnética.
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