En una de esas estrategias indetectables a los ojos de los millones de espectadores que siguen la final de un Mundial, en este caso la de México 86, el entrenador de Alemania, Franz Beckenbauer, envió al campo de juego del Azteca a un delantero torpe con la pelota pero portentoso en el juego aéreo y en las asperezas físicas: Dieter Hoeness. A falta de media hora, y con Argentina ganando 2-0, una de las misiones que el macizo alemán debía cumplir era chocar al líbero argentino, José Luis Brown, cada vez que éste les daba al resto de los defensores albicelestes la orden de salir a provocar el off side en las jugadas de pelota detenida.
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