El Barcelona se reconoció al fin frente al espejo, conjunto que sale limpio desde la raíz, que presiona y se instala en campo ajeno, que se defiende con el balón entre los pies. Un señor equipo que, frente al Nápoles, también recuperó el picante y el colmillo, por más que no hubiera un solo jugador que filtrara un pase interior y con ventaja. Pero le bastó con la dirección de De Jong en el eje y con las carreras por los costados para enlazar con Suárez, que parece haberle visto las orejas al lobo con la competencia y que suma tres redes en dos partidos. También hizo diana Dembélé, que no se quiere perder lo que está por llegar, y hasta Griezmann, que se sacudió de encima el gafe. Paliza al Nápoles y noche de fiesta para el Barça, que está listo en la casilla de salida.
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