dimanche 11 août 2019

Chicho Sibilio, el jugador de esmoquin

Un día, jugando de pitcher, le enviaron varias bolas fuera del estadio. Cogió tal rabieta que dejó el béisbol y se dedicó al baloncesto. Así era Cándido Antonio Chicho Sibilio, uno de los mejores anotadores que ha jugado en Europa desde la década de los ochenta. Marcó una época legendaria en el Barça y en la selección española, formó el triángulo mágico con Solozábal y Epi, el cuarteto de la muerte con De la Cruz, el quinteto de leyenda con Norris y el sexteto con Andrés Jiménez y la selección de la plata del Eurobasket 83 también con Corbalán, Margall, Fernando Martín y Romay. Nació hace 60 años en la República Dominicana. Con la selección de su país jugó un torneo en Barcelona. El entrenador del club azulgrana, Ranko Zeravica le echó el ojo y le encargó al directivo del club, Eduardo Portela, su fichaje. Tuvo la suerte de que la madre de Chicho no confiaba en la tutela de una universidad de Estados Unidos y prefiriese la oferta, educación y alojamiento de su hijo con una familia de Barcelona con la que ya vivía otra promesa del club azulgrana, Juan De la Cruz. El pívot argentino ejerció de padre, hermano mayor y amigo. Allí, cuando tenía 17 años empezó todo, una carrera de leyenda que corrió paralela a la de un equipo mítico. “No bastaba con jugar, tenías que identificarte con el club. Manolo (Flores), Nacho (Solozábal), su vida era el Barça. Nos enseñaron a querer el club. Me considero culé de toda la vida”, explicó Chicho a Lluís Canut en el programa ‘Quan s’apaguen els llums’ de TV3 en la última de las pocas visitas que de Chicho a Barcelona. Prefería “dormir bajo un cocotero” en su tierra natal, como bromeaba. Una broma relativa porque ese apego a sus raíces le llevó a renunciar a veces a la selección española con la que debutó en los Juegos de Moscú-80 tras dos años de espera para nacionalizarse. Desconectaba y jugaba la liga de verano de su país. Y así fue como perdió la ocasión de ganar la medalla de plata en los Juegos de Los Ángeles 84. Siempre mantuvo que no se arrepintió.

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