Aritz Aduriz vio bajar la pelota centrada por Ander Capa, se perfiló, y en el momento justo dio ese salto acrobático que se ha visto en medio mundo. Desde el suelo observó la trayectoria de la pelota, se levantó raudo y corrió hacia un córner. Allí levantó la vista. En el segundo anfiteatro estaban su mujer y sus dos hijas. Lanzó un par de besos, abrió los brazos con la vista puesta en ese lugar; después de ser estrujado por sus compañeros, de pegar un grito al abrazarse con Raúl García, volvió la mirada hacia su familia y de nuevo lanzó media docena de besos más a sus niñas. Tiene la pinta de que todos los minutos que juegue Aduriz esta temporada, la de su despedida, los va a tratar de disfrutar al máximo.
source Portada de Deportes | EL PAÍS https://ift.tt/30fs3Q3
Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire