Enric Mas ha llegado al Tour como un cuaderno en blanco cuyas hojas se van rellenando todos los días de experiencias variadas que atrapa al vuelo, como un cazador de moscas, o absorbe con un cerebro que parece una esponja. Material no le falta, y no solo porque a todos los debutantes jóvenes, maravillados y ansiosos de sumergirse en el Tour todos los detalles de la carrera francesa les fascinan, sino también porque está en el equipo de Julian Alaphilippe, el aventurero, que en las cuestas infames camino de Saint Étienne se lanzó a por su tesoro, un maillot amarillo que recuperó de las espaldas del italiano Ciccone, el héroe de La Planche, que ni es Chiappucci ni le dejan serlo.
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