Cuando la monarquía de Qatar compró el Paris Saint-Germain en 2011, el por entonces presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, advirtió a su homólogo en el club parisino, Nasser al-Khelaifi, que la clave de un buen gobierno en la industria del fútbol consistía en rodearse de la mejor red de informadores. Lo agradeció Al-Khelaifi el pasado mayo cuando pidió que investigaran a qué club pretendía ir Kylian Mbappé si dejaba el PSG. Hasta entonces, el mandatario pensó que el futbolista llamado a suceder a Messi se sentía fascinado por el Real Madrid. Sus asesores lo desengañaron. Mbappé, le dijeron, cultivaba una magnífica relación con Pep Guardiola, con quien habla de vez en cuando desde que el técnico catalán intentó ficharle del Mónaco.
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