Una afición que estudia en Harvard
La Copa América terminó y dejó algunas tendencias más sociológicas que futbolísticas. Hubo un tiempo en que ciertas clases sociales consideraban el fútbol una ordinariez y lo rechazaban hasta en las conversaciones. Hasta que se transformó en parte esencial de la industria del ocio y los jugadores se convirtieron en modelos sociales que salen en Vanity Fair. El fútbol ya es chic y eso trae consecuencias. De campeonato en campeonato, el perfil de los aficionados va cambiando. En la Copa América vimos un público absurdamente blanco para un país que tiene como un tesoro la diversidad racial. Donde antes veíamos a un hincha de pie, ahora hay uno sentado con una copa de champán en la mano que solo se levanta para festejar un gol o para aplaudir a Bolsonaro en la entrega de premios. Durante los partidos el nuevo hincha no para de quejarse porque el pueblo no anima. Será porque ya no entra a los estadios.
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