Cuando Garbiñe Muguruza mira demasiado a su banquillo, mala señal. Y si, además, esa mirada viene acompañada de lamentos angustiosos y ojos vidriosos, alguna subida a la red alocada y alguna que otra revisión de una bola que ella misma sabe que ha entrado, señal esta del quiero y no puedo, el desenlace es conocido. Mientras Stan Wawrinka fundía a Stefanos Tsistipas en el duelo más largo de esta edición (7-6, 5-7, 6-4, 3-6 y 8-6, en 5h 09m) en la Suzanne Lenglen, en el interior de la Philippe Chatrier caía la hispano-venezolana, que después de un sustillo el primer día y dos partidos muy prometedores se topó con un muro que en la pista ni siente ni padece, de nombre Sloane Stephens.
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